Los ricos hacen la guerra, y son los pobres los que mueren


Goetz era un hombre de extremos. Durante una parte de su vida se dejó llevar por un odio y rechazo extremo hacia Dios, cargando todas sus acciones de maldad con el único objetivo de desafiar a Dios. Durante otra parte, se sintió un enviado de Dios con el único objetivo de traer la bondad y la paz a aquellos que le rodeaban, para satisfacer a Dios.
Pero en ambas etapas de su vida los resultados fueron los mismos. Fueran cuales fueran sus acciones y decisiones, las consecuencias siempre recaían sobre los mismos. Mientras tanto, el Dios con el que quería interactuar parecía no querer responder ni a sus desafíos ni a sus alabanzas.
Al final la determinación fue obviar a ese Dios inexistente, y vivir una vida dedicada a él mismo y a su persona. Manteniendo presente algo que aprendió de la experiencia, y que lucha tras lucha quedaba patente en el campo de batalla:
Cuando los ricos se declaran la guerra, son los pobres los que mueren.
Esta es la historia que Jean-Paul Sartre contaba en “El diablo y Dios”, una de sus obras de teatro más representativas. Sartre escribió esta obra ambientándola en la reforma protestante y pretende mostrar el conflicto entre los objetivos y los medios para conseguirlos, pero de él se pueden extraer grandes reflexiones sobre muchos temas: existencialismo, fanatismo, revolución, religión, creencias, idealismos… Pero de todo ello, me quiero quedar con esta memorable cita con la que acabo de resaltar.

Jean-Paul Sartre (fuente)
El hombre actual ha recuperado el poder sobre su propia vida. Si bien es cierto que aún quedan resquicios en varios lugares de la geografía mundial, la tendencia parece clara. Poco a poco vamos olvidando aquellos tiempos en los que los señores eran dueños de la vida de todos sus esclavos, o que los dioses eran dueños de la vida de sus fanáticos seguidores.
Tenemos más control sobre las decisiones que tomamos, y hasta cierto punto somos libres de elegir entre todas las alternativas disponibles. Pero que una decisión esté en nuestro poder, no implica necesariamente que tan sólo de nosotros dependa qué decisión tomar. Si una decisión la tomamos como parte representativa de un grupo, tenemos que evaluar las necesidades de la totalidad de ese grupo para decidir por qué decisión decantarnos.
Cuando esto no se hace, sucede aquello que Goetz aprendió con la experiencia. Los que ostentan el poder (los ricos) toman decisiones para conseguir sus objetivos personales (la guerra), sin preocuparse de cómo esas decisiones afecten a aquellos sobre los que ejercen el poder (los pobres muertos en el campo de batalla).

Guerra (Forges) (fuente)
Hubo un tiempo que el poder lo ostentaba una persona o un grupo de personas de forma autoritaria. Pero por suerte, en gran parte del mundo eso ya es parte del pasado. Ahora los que ostentan el poder son individuos que gozan de una concesión dada por la sociedad a la que representan. Es la sociedad la que decide otorgar un poder, a sabiendas de que los elegidos tomarán decisiones que beneficien a toda la sociedad.
Al final, el objetivo de cada uno de nosotros, como miembros de una sociedad, debería ser elegir a unos mandatarios que no manden a una sociedad a la guerra sabiendo que gran parte de esa sociedad morirá mientras ellos observan desde la comodidad de su despacho.
Fuente :
http://recuerdosdepandora.com/

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