Nadal Inyectado con Anestésicos

Rafael Nadal
Fue un misterio resuelto en tres minutos. El estadounidense Mardy Fish tardó justamente ese tiempo en descubrir que el pie izquierdo de Rafael Nadal, revisado por los médicos la víspera, estaba "inyectado con anestésicos", tratado con antiinflamatorios y listo para competir solo porque la situación y el escenario, los cuartos de final de Wimbledon, eran "de emergencia": en 180 segundos, ya había perdido el saque.
Eso, sobre hierba, no es una tontería. El número nueve del tenis mundial había sufrido solo unbreak en todo el torneo. Contra el uno, que le batió por 6-3, 6-3, 5-7 y 6-4, cedió seis. Algo está claro. El español, que se cruzará en las semifinales con el británico Andy Murray, verdugo por 6-3, 6-4 y 6-4 de Feliciano López, es el mejor restador de los jugadores que quedan en la competición.

"Mi pie no está bien, pero no estoy preocupado", explicó Nadal, que ya eliminó a Murray el año pasado en la misma ronda. "Hemos decidido dormir un poco el pie para jugar el resto del torneo porque luego tengo un mes para descansar y no puede ir a muy peor. Así, con los anestésicos, cuyo efecto dura cinco horas, no siento absolutamente nada", continuó el campeón, uno de los mejores especialistas en hierba del siglo XXI, con dos victorias, dos finales y, como mínimo, una semifinal en sus cinco últimas participaciones en Wimbledon. "He llegado aquí un poquito al límite de fuerzas", añadió el español, que perderá el número uno si el serbio Novak Djokovic, vencedor por 6-2, 3-6, 6-3 y 7-5 del australiano Bernard Tomic, gana en las semifinales.
Así, con todo en juego, se compite sobre la hierba. Así, en Londres, triunfan los que más estudian los arcanos del césped. Y así, inexplicablemente, se despidió ayer el tenista que mejor entiende sus secretos. El suizo Roger Federer ya no juega en Wimbledon.
El "pánico", el "miedo" y el "ridículo". Todos esos sentimientos fueron bloqueando la cabeza del francés Jo-Wilfried Tsonga mientras despedía por 3-6, 6-7, 6-4, 6-4 y 6-4 a Federer, el seis veces campeón, en los cuartos de final. "La inspiración de Francia y Congo... Vivir un sueño...". Todo eso fue desfilando por su cerebro mientras se convertía en el primer jugador capaz de remontar dos sets al helvético en 178 encuentros en los torneos del Grand Slam. "Sí", dijo luego el mocetón (1,88 metros, 91 kilos), una copia física del boxeador Alí, para explicar su calma; "he mejorado mucho mentalmente. Me gustan los grandes momentos. El silencio es entre los puntos. En medio, durante los juegos, puedo ser espontáneo, agresivo. Tengo que hacer lo que siento".
En todo el encuentro solo encaró, y perdió, Tsonga un punto de break. Fue en su primer juego al saque. En el resto del partido, Federer, un legendario, buscó y buscó una oportunidad, un resquicio, una puerta medio abierta. Fueron más de tres horas de pesquisas infructuosas.
La primavera iluminaba el duelo. Soplaba una suave brisa. Tsonga, que ganó 10 puntos menos que Federer, asaltaba la red igual que un rinoceronte en estampida. El francés fue peor en todos los datos estadísticos. Desde el inicio de la tercera manga, sin embargo, hizo de los saques de su rival una apuesta suicida, subyugando la razón al corazón, el cerebro a las pasiones y la lógica al instinto: sin criterio alguno, fue eligiendo lados del cuadro de saque para esperar la pelota. Muchas pasaron por su lado como un silbido. Otras, los menos, llegaron hasta donde estaba, envueltas como un regalo. Cuando juntó varias en un juego, Federer se sintió confundido. Acabó frustrado. Zumbaban los cañonazos de Tsonga y él se preguntaba qué hacía aún jugando ese partido. "Es extraño perder así", dijo.
Al borde de los 30 años y padre de dos hijas, Federer, vencedor de 16 títulos grandes, lleva sin ganar uno desde el Abierto de Australia de 2010. Hace un mes, sin embargo, se plantó en la final de Roland Garros, en la que cedió frente a Nadal. Ayer, ante Tsonga, jugó con la misma facilidad que le dio tantos triunfos. Él se mueve a cámara lenta. Sus tiros van a cámara rápida. El número 19 tuvo respuesta para todas sus preguntas.
"¿A qué se puede comparar esta victoria?", le preguntaron a Tsonga. "A ganar a Nadal en la pista central de Roland Garros", respondió. "¿Puede usted ganar Wimbledon?", le insistieron los curiosos, ávidos de saber más cosas de este hombre que mezcla calma y furia, hielo y fuego, sobre la cancha. "¿Por qué no?", dijo.

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