Con el tiempo te das cuenta

Con el tiempo te das cuenta que si estas al lado de una persona solo por
acompañar tu soledad, irremediablemente acabaras deseando no volver a
verla.

El Miedo al conflicto es mala guía



Tiempo de Reflexión






El Miedo al conflicto es mala guía
Ángela Marulanda
Educadora Familiar

Aunque el miedo es una emoción valiosa cuando nos alerta sobre peligros que amenazan, deja de serlo cuando actuamos indebidamente amedrentados por él.

Simplemente sé tú mismo.



El Libro de la Sabiduría

OSHO

Sentirse miserable
Cuando nos sentimos heridos emocionalmente, pueden surgir memorias que la mayoría de nosotros quiere arrojar al sótano del inconsciente. Pensamos que el tiempo se encargará de curarlas, pero ellas continúan volviendo. He aquí un método mucho más efectivo para curarlas...
Si te estás sintiendo desgraciado, deja que esto sea una meditación. Siéntate en silencio, cierra las puertas. Primero, siente la desgracia con tanta intensidad como sea posible. Siente el dolor.

Alguien te ha insultado: Ahora, la mejor manera de esquivar el dolor consiste en ir e insultarle, a fin de poder estar ocupado con esa persona. Eso no es meditación.

Si alguien te ha insultado, agrádesele porque te ha dado la oportunidad de sentir una herida profunda. Esa persona ha abierto una herida. La herida puede haber sido creada por muchos, muchos insultos que has padecido en toda tu vida; puede que esa persona no sea la causa de todo el sufrimiento, pero ha disparado un proceso.

Simplemente cierra tu habitación, siéntate en silencio, sin enojo por la persona, pero con total atención al sentimiento que está surgiendo en ti: el sentimiento de dolor porque has sido rechazado, porque se te ha insultado. Y, entonces te quedarás sorprendido pues no sólo esa persona está ahí: todos los hombres y todas las mujeres y toda la gente que alguna vez te ha insultado empezarán a pasar por tu memoria.

Empezarás no sólo a recordarlos, empezarás a revivirlos. Entrarás en una especie de primal. Siente el dolor, siente la pena, no la esquives. Por eso es que, en muchas terapias se le pide al paciente que no tome droga alguna antes de que empiece la terapia, por la razón simple de que las drogas son una forma de escapar de tu miseria interior. No te permiten ver las heridas, las reprimen. No te dejan penetrar en tu sufrimiento y, a menos que penetres en tu sufrimiento, no puedes ser liberado de su aprisionamiento.

Es perfectamente científico dejar todas las drogas antes de entrar en la terapia, si es posible incluso drogas como el café, el té, el cigarrillo, porque son todas formas de escapar.

¿Has observado cuando te sientes nervioso inmediatamente empiezas a fumar? Es una forma de evitar el nerviosismo; te entretienes fumando. En realidad es una regresión. El cigarrillo te hace sentir otra vez como un niño -despreocupado, irresponsable- porque el cigarrillo no es más que un seno simbólico. El humo caliente te lleva simplemente otra vez a los días en que te alimentabas del pecho materno y la leche tibia iba penetrando: El pezón se ha convertido en un cigarrillo. Por medio de la regresión esquivas las responsabilidades y las penas de ser adulto. Y eso es lo que sucede con muchas, muchas drogas.

El hombre moderno está drogado como nunca antes, porque está viviendo en un gran sufrimiento. Sin las drogas sería imposible vivir con tanto sufrimiento. Esas drogas crean una barrera; te mantienen drogado, no te permiten la sensibilidad suficiente para reconocer tu pena. La primera cosa a hacer es cerrar las puertas y detener toda clase de ocupación (mirar la tele, escuchar la radio, leer un libro.) Detén todas las ocupaciones, porque eso también es una droga sutil. Permanece simplemente en silencio, completamente solo. Ni siquiera ores, porque eso nuevamente es una droga, empiezas a entretenerte, empiezas a hablar con Dios, te escapas de ti mismo.

Atisha lo dice: simplemente sé tú mismo. No importa el dolor, no importa el sufrimiento producido. Ante todo experiméntalo en su total intensidad. Será difícil, tendrás que entregar el corazón: Puede que empieces a llorar como un niño, puede que te revuelques por el suelo por la profundidad de la pena, tu cuerpo puede tener contorsiones. Puede que te des cuenta súbitamente de que la pena no sólo está en el corazón, sino en todo el cuerpo, de que duele por todas partes, de que es penoso por todas partes, de que todo tu cuerpo no es otra cosa que dolor. Si lo puedes experimentar -esto es de tremenda importancia- entonces empieza a absorberlo. No lo deseches. Es una energía muy valiosa, no la deseches. Absórbela, bébetela, acéptala, dale la bienvenida, siéntete agradecido. Y, puedes decirte: «Esta vez no voy a esquivarlo, esta vez no voy a rechazarlo, esta vez no voy a desecharlo. Esta vez me lo beberé y lo recibiré como a un huésped. Esta vez lo voy a digerir». Puede que te lleve unos pocos días el ser capaz de digerirlo, pero el día que esto suceda habrás dado con una puerta que te llevará realmente muy, muy lejos.

Una nueva jornada ha empezado en tu vida, te estás desplazando hacia una nueva clase de ser, porque inmediatamente, en el momento en que aceptas la pena sin ningún rechazo, su energía y su cualidad cambian. Deja de ser una pena. En realidad uno se queda sorprendido, no lo puede creer, es algo tan increíble. Uno no puede creer que el sufrimiento pueda ser transformado en éxtasis, que la pena se puede convertir en gozo. Cuando una cosa cualquiera es total, se transforma en su opuesto.  Éste es un gran secreto que debe recordarse. Cuando algo es total se cambia a su opuesto, porque no hay forma de seguir adelante; se ha llegado al final. Observa un viejo reloj de péndulo. Lo hace una y otra vez: el péndulo va hacia la izquierda, a la extrema izquierda, y luego hay un punto que no puede traspasar; entonces empieza a moverse hacia la derecha. Los opuestos son complementarios. Si puedes sufrir tu sufrimiento en su totalidad, con gran intensidad, te quedarás sorprendido. No serás capaz de creértelo cuando sucede la primera vez, que tu propio sufrimiento absorbido voluntariamente, con aceptación, se convierta en una gran bendición. La misma energía que se convierte en odio, se convierte en placer; la misma energía que se convierte en sufrimiento, se convierte en bendición.
Extracto de El Libro de la Sabiduría, capítulo 5
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El dolor es un maestro



Todo en la vida tiene una razon de ser, inclusive el dolor.

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El dolor en si mismo no es un mal que tengamos que evitar a toda costa.
El dolor es un maestro que nos puede enseñar muchas cosas.
El dolor nos instruye, nos dice que cambiemos,
que dejemos de hacer una cosa y emprendamos otra,
que dejemos de pensar en cierta forma y empecemos a pensar en forma
diferente.

Y cuando nos negamos a escuchar al dolor y a sus enseñanzas,
lo unico que nos queda es convertirnos en escapistas.
Efectivamente, lo que decimos es:
no voy a escuchar,
no voy a aprender,
no voy a cambiar.

Las personas abiertas y que van creciendo no toman a
regañadientes la pedagogia del dolor y buscan el cambio.
Intentan respuestas y correcciones adecuadas.

Los otros no escuchan las enseñanzas del dolor.
Se contentan con establecerse y vivir con el 10% de su potencial
humano.
Se contentan con morir, sin haber realmente vivido.

Mediante las verdaderas y permanentes relaciones del amor,
podemos recobrar la aceptacion de nosotros mismos,
la realizacion de lo que valemos.
Si poseemos estas dos cualidades, todo lo demas se ira desplazando en
direccion del crecimiento, por el sendero de la paz.

Cuando faltan el amor y el sentido del valor personal, lo unico que
queda es una existencia parcial.
Y asi solo podremos lograr una fraccion de lo que pudimos haber logrado
y sido.

La Gloria de Dios que consiste en que la persona viva plenamente, habra
quedado recortada.

Aprendamos del dolor.
J. Powell

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Confia en la vida


No importa en que momento de la vida te cansaste, lo que importa es que
siempre es posible y
necesario recomenzar. Recomenzar es darse una nueva oportunidad , es
renovar las esperanzas en la
vida y lo mas importante, creer en ti mismo.

¿Sufriste mucho en este periodo?
Fue aprendizaje

¿Lloraste mucho?
Fue limpieza en el alma

Luchar sin duda



En esta vida, en el momento de mayor desesperanza, es cuando mas fuerte
debemos luchar.
 Cuando las cosas vayan mal como a veces pasa
Cuando el camino parezca que esta cuesta arriba

Nunca confies en tu lengua



Nunca confies en tu lengua cuando tu corazon esta amargo.

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HABLAR oportunamente, es acierto.
HABLAR frente al enemigo, es civismo.
HABLAR ante una injusticia, es valentia.
HABLAR para rectificar, es un deber.
HABLAR para defender, es compasion.

Vale la pena vivir


Muchas veces nos hemos preguntado si vale la pena levantarnos de nuevo,
y solo puedo contestar una cosa: Hagamos que nuestra vida valga la
pena.

Vale la pena sufrir, porque he aprendido a amar con todo el corazon.

Vale la pena entregar todo, porque cada sonrisa y lagrima son sinceras.


Vale la pena agachar la cabeza y bajar las manos, porque al levantarlas
sere mas fuerte de corazon.

Vale la pena una lagrima, porque es el filtro de mis sentimientos, a
traves de ella me reconozco fragil y me muestro tal cual soy.

Vale la pena cometer errores, porque me da mayor experiencia y
objetividad.

Vale la pena volver a levantar la cabeza, porque una sola mirada puede
llenar ese espacio vacio.

Vale la pena volver a sonreir, porque eso demuestra que he aprendido
algo mas.

Vale la pena acordarme de todas las cosas "malas" que me han pasado,
porque ellas forjaron lo que soy el dia de hoy.

Vale la pena voltear hacia atras, porque asi se que he dejado huella en
los demas.

Vale la pena vivir, porque cada minuto que pasa es una oportunidad de
volver a empezar.

Todo esto son solo palabras, letras entrelazadas con el unico fin de
dar una idea. Lo demas, depende de cada uno de nosotros.Dejemos que
nuestras acciones hablen por nosotros.

Hagamos que nuestra vida valga la pena.

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Cambio de actitud es el primer paso





Yo diría que el valor del sufrimiento yace en no hacer lo
que hiciste anteriormente. He visto a través de los años que
cuando una persona se harta de estar cansada y enferma,
cambia.

La razón y la intuición


Intuición

Sri Swami Sivananda



La razón y la intuición

La intuición se produce como un destello. No se desarrolla poco a poco. El conocimiento inmediato que se logra por medio de la intuición une al alma individual con el Alma Suprema. La intuición funde al sujeto y el objeto de su conocimiento, junto con el proceso del conocer, con lo Absoluto, donde no existe la dualidad. En la intuición, el tiempo se convierte en eternidad y el espacio en infinitud.

El conocimiento intuitivo es el más elevado. Es el conocimiento imperecedero e infinito de la Verdad. El conocimiento sensorial es el conocimiento de la apariencia, pero no de la Verdad.

El conocimiento sensorial es una forma falsa de conocer, mientras que la intuición es la forma correcta de conocer. Única y exclusivamente por medio de la intuición puedes obtener el Conocimiento del Ser, o Atma-Jñana.

Sin el desarrollo de la intuición, el hombre intelectual permanece imperfecto. El intelecto no tiene el poder suficiente para penetrar en las profundidades de la Verdad. El intelecto funciona dentro del reino de la dualidad, pero es inefectivo en el reino de la no-dualidad.
La mente y el intelecto son instrumentos finitos. La razón es finita. No puede penetrar en lo Infinito.Únicamente la intuición puede comprender lo Infinito. Los intentos científicos por comprobar lo Infinito son fútiles. El único método científico válido, en este caso, es el intuitivo.

La meditación conduce a la intuición. La meditación es la clave que permite la expresión de la divinidad, o Atman, oculta en todos los nombres y formas.


El proceso de la meditación
No puede llegarse al Conocimiento sino por medio de la meditación. El aspirante ha de rebuscar hasta en su propia alma, y entonces se manifiesta la Verdad.
Por medio de la meditación regular vas creciendo gradualmente en espiritualidad. La llama divina crece y se vuelve más y más brillante. La meditación te confiere, gradualmente, la luz eterna y la intuición. Por medio de la práctica constante de la concentración y la meditación, la mente se vuelve tan pura y transparente como un cristal. El estrépito de la lucha por las cosas mundanas se va reduciendo más y más al irse uno abstrayendo en el interior de sí mismo.

Este nuevo plano tiene sus leyes propias. La música es distinta. Sus notas son muy dulces. Todo aparenta ser mejor. La pureza del despenar espiritual cambia la perspectiva propia y uno empieza a buscar devotamente sólo aquello que le produzca, a la larga, una felicidad y una paz verdaderas y perennes. La búsqueda de ventajas materiales e inmediatas se vuelve, por tanto, menos urgente.

La meditación te guía más y más hacia el interior de ti mismo, de lo grosero a lo sutil, de ello a lo más sutil, y de ahí a lo más excelso, el Espíritu Supremo.

Al trascender la conciencia del cuerpo meditando en el Señor, uno logra el dominio universal. Todos sus deseos son entonces satisfechos. La meditación es el único camino real adecuado para alcanzar la inmortalidad y la dicha eterna. La paz y la dicha no pueden hallarse en los libros, iglesias ni monasterios. Sólo pueden lograrse cuando amanece el Conocimiento del Atman.

¿Para qué leer tantos libros? No sirve de nada. El libro más grande se halla en tu propio corazón. Abre las páginas de este libro inagotable que es la fuente de todo conocimiento. Conocerás entonces todo. Cierra los ojos. Abstrae tus sentidos. Aquieta tu mente. Silencia los pensamientos bulliciosos. Apacigua tus ondas mentales. Sumérgete profundamente en el Atman o el Ser, el Alma Suprema, Luz de Luces y Sol de soles. Todo conocimiento te será entonces revelado. Todas tus dudas se desvanecerán. Todas las angustias mentales desaparecerán. Todo tipo de discusiones acaloradas y debates coléricos llegarán a su fin. Sólo permanecerán la paz y el Conocimiento, o Jñana.

Todos los nombres y todas las formas se desvanecen en la meditación profunda. En ese estado se experimenta la conciencia de un espacio infinito, pero también esto desaparece para dar lugar a un estado de nada. De pronto, amanece la iluminación, el Nirvikalpa Samadhi.

El Nirvikalpa Samadhi es la más elevada realización. Durante este estado se intuye la Realidad en su totalidad. Es la experiencia de la unidad con lo Absoluto. Se experimenta la superconsciencia bráhmica, en lugar de la inanimada consciencia individual.

A la experiencia de lo Absoluto se le llama Samadhi. Consiste en la liberación de la aflicción, o la dicha absoluta. El Samadhi no consiste en la negación de la personalidad, sino en su consumación. En ese estado de iluminación suprema se siente la unión entre sujeto y objeto. No ves nada más, ni oyes nada más, ni conoces nada más.

El conocimiento sencillamente ilumina. No te exige hacer nada tras esa iluminación. Conocer es existir. El conocer y el existir no pueden separarse. Chit (el conocimiento) y Sal (la existencia) son una misma cosa. Pero donde prevalecen el conocimiento absoluto y la existencia absoluta, también hay dicha absoluta.

La dicha de la realización del Ser no puede describirse con palabras. Una tranquilidad que nada puede perturbar, una paz suprema sin ninguna agitación, una luz y una dicha sin mezcla, tal es el destello de la realización del Ser.

El placer sensual no es nada comparado con la dicha de la meditación y el Samadhi. Elévate por encima de la vida sensorial. Despierta y comprende que eres el Atman puro e inmortal. Contempla al Atman, único en todos los seres, y alcanza la inmortalidad y la dicha eternas.

Escucha acerca del Atman o el Alma. Luego entiéndela. Después reflexiona acerca de ella. Más tarde, medita en ella. Y, finalmente, realízala. Tat Tuam Así: Tú Eres Ello. ¡Tú eres el Atman! Entiende esto y sé libre. Nada puede impedirte que logres la realización de tu naturaleza esencial.

La realización del Ser no es una invención. Es tan sólo el descubrimiento del Ser. Es conocer el propio Ser. Es una toma de conciencia. La realización del Ser no es algo que vaya a lograrse por vez primera. No necesitas, en realidad, alcanzar o llegar al Atman o al Ser. Eres verdaderamente el Atman o el Ser Supremo. Sólo necesitas abrir tus ojos internos.

La filosofía Vedanta urge al individuo a alcanzar su propia libertad, gloria y dignidad. Conoce la fuente de la libertad, la raíz de la dicha y sé libre.

Libro Senda Divina
Sri Swami Sivananda (1887-1963)
Sirve. Ama. Da. Purifícate. Medita. Realízate.
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La búsqueda de la perfección


El Sendero del Mago

Deepak Chopra
 
El mago es el maestro de la alquimia. La alquimia es transformación. La búsqueda de la perfección se inicia a través de la alquimia. Somos el mundo. Cuando nos transformemos, el mundo en el cual vivimos también se transformará. Las metas de la búsqueda — heroísmo, esperanza, gracia y amor  son el legado de lo eterno. Para reclutar la ayuda del mago, debemos ser fuertes en la verdad, no obstinados en nuestros juicios.

Tras abandonar el bosque de Merlín, el joven Arturo vivió con Sir Ector y su hijo Kay. Recibió el título de escudero, pero sólo de nombre. Arturo no tenía familia ni propiedades, no podía pagar por su ropa y nadie creía que fuera de familia noble. A espaldas de Sir Ector, los muchachos de las caballerizas le lanzaban lodo y las sirvientas murmuraban que Arturo conocía la magia negra.

Debido a todo esto, Arturo pasaba la mayor parte del tiempo solo. Un día se encontraba sentado al borde de un robledal, mirando fijamente una vieja jarra de plomo, cuando Kay lo encontró.

"¿La robaste?", preguntó Kay con suspicacia.

"No", contestó Arturo sacudiendo la cabeza. "La tomé prestada".

"¿Para qué?"

"Alquimia".

Los ojos de Kay se abrieron como platos. Había oído decir que los magos tenían el poder de convertir los metales inferiores en oro.

"¿Aprendiste alquimia?", preguntó.

Arturo asintió.

"Si puedes transformar el plomo en oro", dijo Kay emocionado, "nuestra familia será la más rica de Inglaterra. Muéstrame".

Arturo asintió con la cabeza y le hizo una señal a Kay para que se sentara a su lado sobre el césped. Sin decir más, comenzó a mirar fijamente la jarra de plomo. Al cabo de unos momentos, Kay observó que Arturo tenía los ojos cerrados. Esperó impaciente, pero cuando Arturo abrió los ojos quince minutos más tarde, la jarra seguía siendo de plomo.

"Creo que eres un fraude", dijo Kay furioso. "La jarra sigue siendo de plomo"

Arturo no se inmutó.

"Pues claro que sí. Está allí sólo para recordarme algo. Soy yo quien está tratando de convenirse en oro."


La alquimia es el arte de la transformación. Según las enseñanzas de los magos, los secretos de la alquimia existen para hacer pasar a los mortales de un estado de sufrimiento e ignorancia a uno de iluminación y dicha. Merlín dijo una vez:

"La alquimia opera en todo momento. Es imposible impedir las transformaciones que se presentan en todos los niveles de la vida. Es tu transformación la que me interesa. Comparada con eso, la transformación de un metal inferior en oro es una minucia". La alquimia es una búsqueda y esa búsqueda siempre tiene el mismo propósito: hallar la perfección. De la misma manera como el oro es el más perfecto de los metales porque no se corrompe, la perfección en el ser humano significa liberarse del dolor, el sufrimiento, la duda y el temor.

"Pero, ¿qué pasa si los seres humanos no logramos llegar a la perfección? ¿Qué tal si en realidad somos tan débiles e imperfectos como parecemos?", preguntó Arturo.

"El secreto no está en cómo buscar", contestó Merlín, "sino en hasta dónde están dispuestos a buscar". Las búsquedas son aventuras personales y cada paso debe darse en soledad. Pero Merlín tenía mucho que decirle a Arturo antes de que éste iniciara su búsqueda. "Te he dicho muchas veces que este montón de carne y huesos no es tu cuerpo, que esta personalidad limitada que experimentas no eres tú. Tu cuerpo realmente es infinito y es uno con la creación. Tu espíritu abarca a todos los demás espíritus y no tiene límite en el espacio ni en el tiempo. El trabajo de la alquimia te permitirá vislumbrar estas verdades".
Cuando Merlín dijo estas palabras, la era de los magos casi terminaba para dar paso a una nueva época, regida por la razón. La razón sostiene que la alquimia es imposible y, a mediada que los magos fueron quedando relegados a la penumbra de la leyenda, las personas comenzaron a aceptar que en realidad estaban limitadas a vivir como montones finitos de carne y sangre, en pequeños rincones del tiempo y el espacio. Puesto que damos por hecho que las cosas sólidas son reales, le asignamos realidad al material sólido del cual estamos hechos. Los mismos átomos de hidrógeno, nitrógeno, oxígeno y carbono que componen las nubes, los árboles, las flores y los animales, están presentes en nuestro cuerpo. Sin embargo, estos átomos cambian constantemente — menos del 1% de los átomos presentes en nuestro cuerpo hace un año están todavía ahí. Incluso en términos materiales es absurdo decir que somos materia sólida, si consideramos que debajo de esa solidez hay un mundo de espacio vacío y flujo constante. La búsqueda que es la alquimia comienza debajo de la superficie de los átomos y las moléculas, detrás de la apariencia del cambio.

Incluso siendo niño, Arturo estaba deseoso de emprender su primera búsqueda, y esperaba ansiosamente que Merlín le proporcionara un caballo y un mapa. Pero Merlín le dijo: "Los mapas no sirven para nada en el lugar a donde vas, porque el territorio que te espera cambia constantemente. Sería como tratar de hacer el mapa de un río".

Una vez que aceptamos que somos el flujo de la vida, la búsqueda de la perfección se convierte en una aventura más allá de lo infinito. Las cosas que son perfectas dentro de nosotros son la esencia, el ser y el amor, y es imposible limitarlas en el tiempo y el espacio. ¿Acaso cuando usted atraviesa una habitación de un lado a otro, el amor por su familia va caminando a su lado? ¿O cuando se sumerge en la tina, su esencia también se sumerge?
Las fronteras se pueden plasmar en un mapa y el aspecto visible de un ser humano se puede describir en términos de huesos, músculos, tejidos y células. El cerebro humano se puede representar en forma de vías para la interacción incesante de diez mil millones de neuronas, pero, en ninguno de estos dos casos, el mapa es el territorio. La esencia, el ser y el amor que componen al ser humano tienen una vida propia que comienza y termina con la misma consciencia invisible.

"Puedo verte en forma de nube de energía", le dijo Merlín a Arturo. "Y tú puedes verme de igual manera pero, aun así, eso no es nuestro verdadero yo. Las energías son sólo un material más, pero a un nivel más sutil".

"¿Qué clase de energías?", preguntó el niño.

"Llamémoslas luz y sombra, que juegan alrededor de tu forma mientras sientes y piensas. La luz cambia dependiendo de si estás alegre o triste, inspirado o fatigado, emocionado o aburrido. Algunos mortales pasan por este mundo como luces resplandecientes, mientras que otros lo hacen como sombras negras. Pero independientemente del brillo de la luz, ésta no es tan real como el silencio puro que hay en tu interior". "¿Por qué no me veo a mí mismo de la misma manera que tú lo haces?", preguntó Arturo.

"Porque esas energías están tapadas por capas. Algunas son densas, otras livianas, y no hay dos personas que estén compuestas de la misma manera. Aun así, todos ustedes parecen nubes que caminan. Mientras no te deshagas de las capas que rodean tu alma, no podrás reconocer el núcleo brillante y eterno que anida en tu centro."

Según la alquimia, los cuatro elementos -tierra, aire, agua y fuego- se combinan misteriosamente para llegar al mágico producto final denominado vida. No hay duda de que estamos hechos de tierra, aire y agua, modificados a partir de una forma preliminar, como el alimento. Sin embargo, no es posible destilar el fuego que anima a estos materiales sin vida, porque no es un fuego visible, ni siquiera un calor metabólico. Es el fuego de la transformación, puro y simple. Por lo tanto, somos la transformación, los transformadores y los transformados. Somos nuestro propio alquimista, encargado de transmutar constantemente las moléculas sin vida en la encarnación viva de nosotros mismos. Este es el acto más creador y mágico que podemos realizar.

La maravilla de esta alquimia no tiene límite. En un momento dado podemos estar leyendo un libro, digiriendo una comida, fabricando proteínas y enzimas, almacenando información en la memoria, creciendo, respirando, evaluando el entorno, cicatrizando una herida, reemplazando células muertas, alejando los virus y muchas otras actividades más. Todas estas transformaciones suceden en su mayoría sin que nos demos cuenta. El alquimista es invisible, trabaja detrás de bambalinas, y pocos nos interesamos alguna vez por descubrir de quién se trata. Su hogar no está en el espacio o el tiempo, sino en lo eterno, más allá de la memoria.

Siéntese un momento e imagine que puede ver su vida como un papiro que se desenrolla a medida que usted examina más y más sucesos de su pasado. Comience a desenrollar el papiro hasta que vea una escena conocida, como el día en que le dieron el empleo que tiene ahora. Véala con claridad y luego vaya más atrás, por ejemplo a sus días de universidad, y continúe haciendo lo mismo hasta ver imágenes de la escuela secundaria, la escuela primaria, el jardín de infantes. Visualice tan claramente como pueda las escenas de cuando era niño, cuando apenas comenzaba a caminar, cuando era lactante. No importa si no aparecen imágenes vívidas; será suficiente con tener la sensación de cómo era usted en esas edades.

Ahora regrese al día en que nació -será pura imaginación- y luego véase como feto y después como un conjunto de células transparentes agrupadas en una bola. Vea cómo se encoge la bola hasta reducirse a dos células y luego a una sola. Por último, cruce ese punto e imagínese antes de eso, sin siquiera una célula a la cual adherirse. Al cruzar este umbral, observe que su identidad no desaparece. Aunque no tenga imágenes a las cuales mirar, ni cuerpo, usted sigue siendo lo que es en realidad: una consciencia observadora que permanece inmutable aunque las escenas de la vida cambien constantemente.  Esa es su identidad como consciencia, un alquimista activo y sabio que permanece separado, detrás del drama constante de la transformación.

Ahora trate de imaginar que esa consciencia desaparece. En otras palabras, imagine una época antes de que usted existiera. Esto es algo que no puede hacer, porque el alquimista no está confinado al reino del tiempo, donde todos los sucesos comienzan y terminan. Trate, asimismo, de avanzar hacia el futuro e imaginarse el tiempo en que usted ya ha muerto y ha desaparecido completamente de la Tierra. Tampoco puede hacerlo. Al llegar al final de la memoria, el sentimiento, las emociones, la imaginación y las ideas, todavía queda el ser en forma pura, como un impulso de vida que fluye constantemente a través del espejismo de la creación. Ese flujo ocurre en forma de transformaciones constantes, la alquimia de la existencia que se extiende a todos los mundos y más allá de ellos.
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La realidad de la injusticia


Maestría del Amor



Miguel Ruiz


De pequeños aprendemos que las opiniones de todas las personas son importantes y dirigimos nuestra vida conforme a esas opiniones. Una simple opinión de alguien, aunque no sea cierta, es capaz de hacernos caer en el más profundo de los infiernos: «Qué feo estás. Estás equivocado. Eres un estúpido». Las opiniones tienen un gran poder sobre el comportamiento absurdo de las personas que viven en el infierno. Por ese motivo necesitamos oír que somos buenos, que lo estamos haciendo bien, que somos bellos. «¿Qué aspecto tengo? ¿Ha estado bien lo que he dicho? ¿Cómo lo estoy haciendo?»

Necesitamos escuchar las opiniones de los demás porque estamos domesticados y esas opiniones tienen el poder de manipularnos. Por eso buscamos el reconocimiento en los otros; necesitamos el apoyo emocional de ellos; ser aceptados por el Sueño externo a través de los demás. Esta es la razón por la que los adolescentes ingieren alcohol, se drogan o empiezan a fumar. Sólo para ser aceptados por otras personas que opinan que eso es lo que hay que hacer; sólo para que esa gente considere que están «en la onda».

Pero todas esas falsas imágenes que intentamos proyectar provocan un gran sufrimiento en muchos seres humanos. Las personas fingimos ser muy importantes, pero, a la vez, creemos que no somos nada. Ponemos mucho empeño en ser alguien en el sueño de esa sociedad, en ganar reconocimiento y en recibir la aprobación de los demás. Hacemos un gran esfuerzo para ser importantes, para triunfar, para ser poderosos, ricos, famosos, para expresar nuestro sueño personal e imponer nuestro sueño a las personas que nos rodean. ¿Por qué? Pues porque creemos que el sueño es real y nos lo tomamos muy en serio.

La pérdida de la inocencia
Los humanos somos, por naturaleza, seres muy sensibles. Pero si tenemos una sensibilidad tan elevada es porque percibimos todas las cosas a través del cuerpo emocional. Este cuerpo emocional es como un aparato de radio que se puede sintonizar para percibir determinadas frecuencias o bien para reaccionar frente a otras. La frecuencia normal de los seres humanos antes de la domesticación se ajusta en la exploración y el disfrute de la vida; estamos sintonizados para amar. De pequeños no definimos el amor como un concepto abstracto, sólo lo vivimos. Es tal como somos.

Tanto el cuerpo emocional como el cuerpo físico cuentan con un componente parecido a un sistema de alarma que nos permite saber cuándo algo no va bien. En el caso del cuerpo físico este sistema de aviso es lo que denominamos dolor. Cuando sentimos dolor es porque hay algún problema en nuestro cuerpo, algo que es necesario examinar y sanar. En el caso del cuerpo emocional, el sistema de alarma es el miedo. Siempre que sentimos miedo es porque alguna cosa no va bien. Quizá corra peligro nuestra vida.

El cuerpo emocional percibe las emociones, pero no a través de los ojos. Las emociones se perciben a través del cuerpo emocional. Los niños sencillamente «sienten» emociones, pero su mente racional no las interpreta ni las cuestiona. Esta es la razón por la que aceptan a determinadas personas y rechazan a otras.

Cuando no se sienten seguros cerca de una persona, la rechazan porque son capaces de sentir las emociones que esa persona proyecta. Los niños perciben fácilmente cuando alguien está enfadado, ya que su sistema de alarma les provoca un pequeño miedo que les dice: «No te acerques», y siguiendo su instinto, no lo hacen.

Aprendemos a tener un determinado estado emocional según la energía emocional que impregne nuestro hogar y de cómo reaccionemos personalmente a esa energía. A eso se debe que cada componente de la familia, aunque sean hermanos, reaccione de un modo diferente dependiendo de la manera en que haya aprendido a defenderse a sí mismo y a adaptarse a las circunstancias. Cuando los padres se pelean constantemente, falta la armonía y el respeto entre ellos, y se mienten, los niños siguen su ejemplo emocional y aprenden a ser como ellos. Y aunque les digan que no sean así y que no mientan, la energía emocional de sus padres y de toda su familia les hará percibir el mundo de una manera similar.

La energía emocional que impregne nuestro hogar sintonizará nuestro cuerpo emocional con esa frecuencia. El cuerpo emocional empieza a cambiar su sintonización y llega un momento que deja de ser la sintonización normal del niño. Jugamos al juego de los adultos, jugamos al juego del Sueño externo y perdemos. Perdemos nuestra inocencia, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestra felicidad y nuestra tendencia a amar. Nos vemos forzados a cambiar y empezamos a percibir otro mundo, otra realidad: la realidad de la injusticia, la realidad del dolor emocional, la realidad del veneno emocional. Bienvenidos al infierno: el infierno que los seres humanos crean, el Sueño del Planeta. Somos bienvenidos a este infierno, pero no lo hemos inventado nosotros. Ya estaba aquí antes de que naciésemos.

Si observas a los niños podrás ver cómo se destruye el amor verdadero y la libertad. Imagínate a un niño de dos o tres años que corre y se divierte en el parque. Mamá está mirando al pequeño y tiene miedo de que se caiga y se lastime. Entonces se levanta para detenerlo, pero el niño, creyendo que está jugando con él, intenta correr todavía más deprisa. Los coches pasan cerca, por una calle próxima y eso intensifica todavía más el miedo de mamá hasta que, finalmente, lo atrapa. El niño espera que ella se ponga a jugar con él y sin embargo lo único que recibe es un cachetazo. ¡Boom! Esto le causa un sobresalto. La felicidad del niño no era otra cosa que la expresión del amor que emanaba de él, pero después de eso es incapaz de comprender por qué su madre actúa de ese modo. Con el tiempo, este tipo de sobresalto acabará por bloquear el amor. El niño no comprende las palabras, pero aun así, se pregunta: «¿Por qué?». Y de este modo, correr y jugar, una expresión del amor, ha dejado de ser algo seguro porque, cuando expresas tu amor, tus padres te castigan. Te envían a tu habitación y no puedes hacer lo que quieres. Te dicen que estás siendo un niño o una niña mala y eso te hace sentir humillado, significa castigo.

En ese sistema de premios y castigos existe un sentido de la justicia y de la injusticia, de lo que es legítimo y de lo que no lo es. El sentido de la injusticia es como un cuchillo que abre una herida emocional en la mente. Después, según cómo reaccionemos ante la injusticia, la herida puede infectarse con veneno emocional. Pero ¿por qué se infectan algunas heridas? Veamos otro ejemplo.

Imagínate que tienes dos o tres años. Te sientes feliz, estás jugando, explorando. Aún no tienes conciencia de lo que es bueno o de lo que es malo, de lo que es correcto o incorrecto, de lo que deberías hacer y de lo que no deberías hacer, porque todavía no estás domesticado. Estás jugando en la habitación con un objeto que se encuentra cerca de ti. No tienes intención de hacer nada malo, ni de intentar causarle daño a nadie, pero estás jugando con la guitarra de tu papá. Para ti es sólo un juguete; no quieres hacerle el menor daño a tu padre. Pero él tiene uno de esos días en los que no se siente bien. Tiene problemas en su trabajo. Entra en la habitación y te encuentra jugando con sus cosas. Se enfada de inmediato, te coge y te da un golpe. Desde tu punto de vista, es una injusticia. Tu padre no hace más que entrar y con su enfado, te hace daño. Confiabas plenamente en él porque es tu papá, alguien que, por lo general, te protege y te permite jugar y ser tú mismo. Sin embargo, ahora hay algo que no acaba de encajar. Ese sentido de la injusticia es como un dolor en el corazón. Te sientes vulnerable; te hace daño y te hace llorar. Pero no lloras únicamente porque te ha dado una paliza. No es la agresión física lo que te duele; lo que te parece injusto es la agresión emocional. No habías hecho nada malo. Ese sentido de la injusticia abre una herida emocional en tu mente. Tu cuerpo emocional está herido, y en ese momento, pierdes una pequeña parte de tu inocencia. Aprendes que no puedes confiar siempre en tu padre, y aun en el caso de que tu mente todavía no lo sepa, porque no lo analiza, sí lo comprende: «No puedo confiar». Tu cuerpo emocional te dice que existe algo en lo que no puedes confiar y que ese algo puede repetirse.

Quizá reacciones con miedo; quizá con enfado o con timidez o sencillamente te pongas a llorar. Pero esa reacción ya es producto del veneno emocional porque, la reacción normal antes de la domesticación es que, cuando tu papá te da una bofetada, tú quieras devolvérsela. Le pegas o sólo intentas levantar la mano, pero lo único que consigues con eso es que él se enfade todavía más contigo. Solamente has levantado la mano, pero has conseguido que reaccione con mayor enfado y recibes un castigo todavía peor. Ahora sabes que te destruirá. Ahora le tienes miedo y dejas de defenderte porque eres consciente de que, si lo hicieses, únicamente conseguirías empeorar las cosas.

Sigues sin comprender el por qué, pero sabes que tu padre puede incluso matarte. Esto abre una herida atroz en tu mente. Antes de que ocurriese todo, tu mente estaba completamente sana; eras del todo inocente. Sin embargo, ahora, después de estos acontecimientos, la mente racional intenta hacer algo con esa experiencia. Aprendes a reaccionar de un modo determinado, de una manera particular, tuya. Guardas la emoción en ti y eso cambia tu forma de vivir. Y a partir de entonces, esta experiencia se repite cada vez con mayor frecuencia. La injusticia proviene de mamá y de papá, de los hermanos, de los tíos, del colegio, de la sociedad, de todos. Con cada miedo aprendes a defenderte, pero no lo haces de la misma manera que antes de la domesticación, cuando te defendías y seguías jugando.

Ahora hay algo dentro de la herida que, en un principio, no parece representar un gran problema: el veneno emocional. No obstante, el veneno emocional se acumula y la mente empieza a jugar con él. A continuación, el futuro empieza a preocuparnos un poco porque tenemos el recuerdo del veneno y no queremos que vuelva a ocurrir. También tenemos recuerdos de cuando hemos sido aceptados; recordamos a mamá y a papá siendo buenos con nosotros y viviendo en armonía. Queremos esa armonía pero no sabemos de qué modo crearla. Y, como estamos en el interior de la burbuja de nuestra propia percepción, nos parece que cualquier cosa que sucede a nuestro alrededor ha sido provocada por nosotros. Creemos que mamá y papá se pelean por nuestra culpa incluso cuando no tiene nada que ver con nosotros.
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Yo no me equivoco tanto



El Libro de la Sabiduría


OSHO

La mente tiene la tendencia a discutir sobre los defectos de otros. Ayuda al ego a sentirse bien. Todo mundo es un pecador; cuando todo el mundo es tan pecador, uno se siente comparativamente como un santo. Cuando los demás se equivocan, es agradable saber que, «por lo menos yo no me equivoco tanto».

La gente habla, por lo tanto, de los defectos de los demás; no sólo hablan de ellos, los magnifica. Por eso es que hay tanto disfrute en el chusmerío. Cuando el chisme pasa de una a otra boca, se enriquece. Y cuando regresa nuevamente, mucho se le habrá añadido. Al atardecer, si llegas a conocer el chisme que iniciaste en la mañana, te quedarás sorprendido. En la mañana era sólo una piedrecilla; ahora es una montaña. La gente es muy creativa, realmente creativa e ingeniosa.

¿Por qué la gente tiene tanto interés en rumorear de los demás, en buscar faltas en los demás, en buscar limitaciones y defectos en los demás? ¿Por qué la gente está tratando continuamente de mirar los puntos débiles de otros? El motivo está en que esto les ayuda a tener una mejor apreciación de sí mismos. Se convierten en personas santas. Hablar mal de los demás ayuda a tener el sentimiento de que «yo soy mucho mejor». Hay una motivación. La razón básica es: «Si otros son muy feos, entonces yo soy hermoso». Siguen la teoría de Einstein de la relatividad.

Atisha dice: No evalúes los defectos de los demás, no es asunto tuyo. No interfieras en las vidas de los demás; no es asunto tuyo. Pero hay grandes moralistas cuyo trabajo es ver quién está haciendo algo mal. Toda su vida se desperdicia; son como perros policías que olfatean aquí y allí. Todo su trabajo consiste en saber quién está haciendo algo mal.

Atisha dice: Esto es algo feo, un gasto inútil de tiempo y energía. No es sólo un desperdicio sino que refuerza y gratifica el ego, y un ego más gratificado se convierte en un mayor obstáculo. Recuerda, no se trata sólo de no discutir sobre los errores de los demás, tampoco te preocupes demasiado de tus propios defectos. Toma nota, permanece atento y deja que el asunto quede saldado de una vez.

Hay unos cuantos que se preocupan de sus propios defectos. Los psicólogos sospechan que la autobiografía de San Agustín, sus confesiones, no son verdaderas. Él insistió mucho en sus defectos. No fue tan mala persona pero el ser humano es realmente increíble. Si empiezas a insistir en tus cualidades, entonces te vas a los extremos. Si empiezas a insistir en los pecados, entonces también te vas a los extremos. Pero en los dos casos sólo haces una cosa. Lo que hace San Agustín es simple. Al insistir en sus defectos y pecados y todo tipo de cosas feas, él prepara un contexto. De ese infierno él se levantó y se convirtió en un gran santo. Ahora su santidad parece más significativa de lo que hubiera sido si desde el comienzo mismo simplemente hubiera sido una buena persona.

Lo mismo pasa con Mahatma Gandhi en India. En su autobiografía, él simplemente exagera sus defectos y no deja de hablar de ellos. Esto le ayuda de una forma muy explícita. Lo suyo era muy bajo, lo situaba en el séptimo infierno, y de ahí empezó a surgir y se convirtió en un gran mahatma, un gran santo. El camino fue muy arduo. Esto llena mucho el ego.

No discutas sobre los defectos de los demás; no hables de tus propios defectos. Toma nota y eso es todo. Atisha dice que poner conciencia es suficiente, no se necesita nada más. Si estás completamente consciente de cualquier cosa, el fuego de la conciencia lo quema. No hay necesidad de otro remedio.

No pienses en las cosas que conciernen a los demás… Pero es en eso en lo que sigues pensando. El 99% de las cosas en las que piensas conciernen a los demás. Déjalo. ¡Déjalo inmediatamente! Tu vida es corta y se te está escurriendo de los dedos. A cada momento eres menos, cada día eres menos, ¡cada día estás menos vivo y más muerto! Cada día de cumpleaños es un día de muerte; un año más que se ha ido de tus manos. Sé un poco más inteligente. No pienses en nada que concierna a los demás.

Gurdjieff solía decir a sus discípulos una primera cosa, la primerísima: «Busca tu mayor característica, tu mayor carencia, tu característica central de inconsciencia». Para cada uno es diferente. Algunos están obsesionados con el sexo. En un país como India, en donde, durante siglos el sexo ha sido reprimido, eso se ha convertido casi en una característica universal; todo el mundo está obsesionado con el sexo. Algunos están obsesionados con la ira, otros están obsesionados con la codicia. Tú tienes que observar cuál es tu obsesión básica. Así que encuentra primero la característica principal sobre la que descansa todo el edificio de tu ego. Y, permanece constantemente atento a ella, porque ella sólo puede existir si tú estás desatento. Se quema automáticamente en el fuego de la atención. Y, recuerda, recuerda siempre que no tienes que cultivar su opuesto. De otra manera, lo que sucede es que una persona toma conciencia de que, «mi obsesión es la rabia, así que, ¿qué tendría que hacer? Tendría que cultivar la compasión». «Mi obsesión es el sexo, así que, ¿qué tendría que hacer? Tendría que practicar brahmacharya, el celibato».

Las personas se desplazan de una cosa a su opuesto. Éste no es el camino de la transformación. Es el mismo péndulo moviéndose de izquierda a derecha, de derecha a izquierda. Y así es como tu vida ha estado moviéndose durante siglos; es el mismo péndulo. Al péndulo se le debe detener en la mitad. Y éste es el milagro de la conciencia que vigila. Simplemente sé conciente: «Éste es mi tropiezo principal; en este sitio me caigo una y otra vez, ésta es la raíz de mi inconsciencia». No intentes cultivar su opuesto, sino poner toda tu atención en ello. Crea una gran hoguera de atención y eso se quemará. Y, entonces el péndulo se detiene en la mitad. Y, con la detención del péndulo, el tiempo se detiene. Entras súbitamente en el mundo de lo sin tiempo, sin muerte, en la eternidad.
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Nuestra relación con el mundo


El Despertar

Paul Ferrini


Aceptar la Vida tal y como es.

Nunca has llamado al dolor y, sin embargo, lo has sentido. El amor llega de la misma manera: en un momento que te coge totalmente por sorpresa. Tal vez intentes retenerlo, pero no suele cooperar. Como el dolor, el amor es repentino y escurridizo. No responde a las manipulaciones de tu mente cuando aparece ni cuando desaparece.

Piénsalo bien. Si no tienes ningún poder para atraer el amor o para hacer desaparecer el dolor, ¿qué otra cosa puedes hacer salvo entregarte? Entregarse significa simplemente aceptar lo que la vida te trae en cada momento. Lo aceptas porque no es posible hacer nada al respecto.

Si intentas hacer algo para mitigar el tedio o el dolor, sólo conseguirás aumentarlos. ¿Por qué? Porque esta "actuación" proviene de tu ego, de tu insatisfacción por la vida, de tu insatisfacción por la actitud que adoptas a la hora de "intentar arreglar" las cosas.

Tras muchos intentos por «hacer» algo respecto a tus estados emocionales comprendes la extrema futilidad de tal propósito. No te queda nada más por hacer o, por decirlo de otra manera, ya has hecho bastante. Convivir con lo que ya has hecho es suficiente desafío.

Al principio pensamos que la respuesta a la sensación de no tener bastante es conseguir "más". Más dinero, más actividad, más relaciones sexuales. Pero..., con el tiempo, aprendemos que la respuesta es "menos". Menos estimulación, menos relaciones, menos intercambios externos; esto facilita la profundización de la experiencia. Y en esta profundización predomina la aceptación del momento.

Descansar en el Corazón.
Cuando aceptas tu experiencia descubres qué sientes al hacerlo. Cuando sabes lo que sientes, entonces pensar y sentir van de la mano.

Una vez, que sientes tu propio dolor, descubres la motivación que necesitas para poner fin a tu conflicto interior. Quizá te preguntes: "¿Acaso no tengo esa motivación desde el principio?". Desgraciadamente, la respuesta es «no». Si hubieses sabido de antemano el dolor que te provocaría comerte la manzana, no lo hubieses hecho. Pero para conocer el dolor primero tenías que probarla.

Esto no significa que la manzana sea mala. Ni tan siquiera que el dolor sea malo. De algún modo ambas cosas son necesarias para la experiencia del conocimiento. Y todo conocimiento real es una forma de ser.

Este es el motivo por el que es necesaria la reencarnación. Si te aíslas, no sabrás. Para saber, debes implicarte. Debes experimentar. El conocimiento proviene de él mismo.

Muchas personas intentan encontrar su espiritualidad a través de su mente «pensante», pero eso no funciona. El pensamiento quizá te lleve hasta la puerta, pero no hará que cruces el umbral. Si deseas entrar en el santuario, debes dejar tus conceptos atrás.

A medida que te adentras más y más profundamente en el silencio del corazón, las cuestiones intelectuales simplemente desaparecen. Ya no tiene la más mínima importancia que no hayas encontrado las respuestas. Éstas ya no son aplicables tan pronto como renuncias a las preguntas.

Una vez que has dado el primer mordisco a la manzana es imposible devolverla. Puedes acabártela; de esta forma completarás la lección y aprenderás lo que viniste a aprender aquí.

El Proceso de Revelación.
A menudo, las personas se preguntan por qué en su vida se manifiestan unas circunstancias o condiciones determinadas. Quizá se deba a que lo han pedido conscientemente, pero esto no es lo más normal. Aunque la oración, las afirmaciones y otros esfuerzos para concentrar la mente a veces producen resultados, sólo funcionan cuando, detrás de la práctica mental existe un fuerte deseo de conseguirlo. Querer algo mentalmente no basta. Debemos desearlo con todo nuestro ser.

Atraes aquello que deseas.
Lo que más quieres lo promueves sin dudar, haciendo venir hacia ti los recursos, consiguiendo el apoyo y el entusiasmo de los otros. Cualquier materialización se basa en el deseo. Sin deseo esta materialización es mínima. Cuando intentas atraer aquello que sólo quieres a medias, sólo triunfas a medias. Pero todo lo que buscas con energía y concentración, superando cualquier obstáculo, lo consigues.

Cuando deseas y piensas constantemente en aquello que anhelas siembras las semillas. Y lo que siembras, recoges. Allí donde pones tu energía es donde va tu vida. O como dijo El Maestro: "Donde esté tu corazón, también estará tu tesoro". Todo lo que necesitas es tu compromiso. Si sientes ambivalencia, incertidumbre o timidez en tus creencias, entonces no se te revelarán de forma clara o convincente.

Lo que se manifiesta puede ser una ayuda o un desafío. Por lo general, es una mezcla de ambas cosas. La mayor parte de las materializaciones provienen del deseo del ego y, como tales, conllevan lecciones y esfuerzos, lo que nos ayuda a comprender mejor y a renunciar a la falsa identidad.

En ocasiones tenemos la impresión de que estamos construyendo castillos en la arena. Levantamos estructuras elaboradas, trabajando con minuciosidad, invirtiendo una cantidad de tiempo, de energía y de atención considerable. Y entonces, la marea de la vida sube y se lleva todo. Las creaciones del ego son transitorias por naturaleza. No están hechas para durar toda la vida. Son herramientas para aprender, que vienen y se van.Más tarde o más temprano, llegamos al final de la creación del ego. Acabamos por cansamos del drama que escenificamos, y es entonces cuando la vida aminora el paso y se simplifica. Ya no hay ninguna necesidad de hacer nada en particular. Efectivamente, tengo el conocimiento de que cualquier cosa que "necesito" vuelve a mí para perseguirme. Pero lo que necesito es simplemente una carencia que percibo y que intento llenar desde el exterior... otro viaje inútil.

El proceso de revelación, como ya sabemos, es egocéntrico y se basa en el miedo. Creamos a partir de la percepción de una carencia y, dado que la percepción de esa carencia es tan intensa y tenaz, siempre elaboramos más y más material para intentar llenar el agujero interior.

La creencia de que "no valgo nada" es la única fuente que origina un estado ambiental desastroso en el planeta. Al sentimos indignos nos creemos obligados a producir, a elaborar mucho "material" con la finalidad de demostrarnos a nosotros mismos y a los demás que, en realidad, somos dignos de ser amados. Si aprendiésemos a tratarnos directamente con amor no necesitaríamos proyectar nuestro desmerecimiento unos en otros y en el planeta.

Cuando aceptamos la responsabilidad de amarnos y aceptamos sinceramente a nosotros mismos en cada momento, frenamos sustancialmente nuestra actividad externa. La manera en que nos responden los demás es sólo algo que quizá nos será útil en el proceso de nuestra propia aceptación.

Evolucionamos de una forma gradual, yendo de un proceso de manifestación, caracterizado por una constante actividad exterior, hacia otro proceso del ser que se caracteriza por una mayor alimentación de sí mismo y una búsqueda de la felicidad externa menos egoísta. En nuestro proceso del "ser" lo que sucede no es tan importante como experimentar el amor y la aceptación propia, a1 margen de la forma externa que adquiera nuestra experiencia. Comprendemos y probamos cada vez más que la felicidad es un acontecimiento interior, no exterior. Cuando dejamos de proyectar hacia fuera el deseo de ser aceptados, este triste drama se disuelve y, consecuentemente, la actividad innecesaria del ego llega a su fin. Ya no necesitamos "hacer" o "crear" para ser dignos de amor. Sabemos que el simple hecho de "ser" basta para merecer amor.Nuestra dignidad interior nos permite dar amor sin exigir ni esperar nada a cambio, creando de este modo el camino a través del cual ese amor volverá a nosotros espontáneamente.

Nuestra relación con el mundo y, por lo tanto, con los demás, ya no será manipuladora, no se basará en la lucha o en la avaricia, sino que será una relación de confianza en la revelación natural de todos los procesos orgánicos, o en lo que los chinos llaman Tao.

Lo que tiene que ocurrir sucede a través de nosotros porque estamos dispuestos y somos capaces, y no porque nuestros egos lo necesiten para validar nuestra propia identidad. El Tao se revela en nosotros y en todos los seres. Cuando respetamos este proceso de revelación, nos vemos atraídos de una forma natural hacia aquellos acontecimientos y circunstancias en los que también contribuirá nuestra energía y nuestra atención.

Este es el fundamento de la revelación espiritual o de la presencia de la gracia. No se basa en el deseo personal, sino que actúa para beneficiar a todos los seres, porque no puede buscar el bien de una persona a costa de otras. La manifestación espiritual se produce sin esfuerzo ni fijación. La valía personal no está en juego, por lo que no hay necesidad de conseguir ningún resultado específico. Cuando aceptamos lo que ocurre en el momento, renunciamos a las expectativas que aparecen. El Tao construye de forma impersonal y espontánea. No tiene preferencias. No importa lo que se genere, debe ser aceptado. Y es en esa aceptación donde se revela su significado espiritual.
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