El Poder de Los Pensamientos en Las Emociones

Los efectos de los pensamientos en las emociones
El pensamiento, se ha dicho desde hace milenios, tiene un poder espectacular. Su influencia ha sido tratada por especialista y expertos en busca de alcanzar una visión científica que permita proponer leyes válidas universalmente, que nos sirvan para comprender los diversos fenómenos relacionados, guiar la acción racionalmente y predecir resultados.
Aunque existen diferencias de concepción e interpretación, una conclusión a la que se ha arribado y que pocos se atreverían a discutir, es que el pensamiento tiene una estrecha relación con las emociones, al extremo de poder, más que simplemente influirlas, llegar incluso a determinarlas.
Para efectos de precisión conceptual, entenderemos aquí por cognición (en su sentido básico) el conjunto global de las operaciones que realizan los mecanismos mentales al procesar la información que reciben, de formas conciente o no conciente. Asimismo, en un marco cognitivista, definiremos emoción como la respuesta psicofísica, generalmente rápida, intensa y variable, que da el organismo, ante un estímulo interpretado.
En este contexto lo que realmente nos interesa y que deseo destacar, es que las respuestas emotivas de cada individuo, están directamente relacionadas con sus cogniciones y pueden afectar de manera notable todas las áreas de su vida (salud, relaciones, productividad) y también pueden ser modificadas a voluntad en su intensidad, frecuencia de aparición y forma de expresión.
Existen pautas de pensamientos directamente asociables con ciertas respuestas emocionales. Esto conviene conocerlo para evitar así la postura de víctima impotente, desde la cual ni somos responsables de lo que sentimos ni podemos intervenir para producir cambios.
Si aceptamos que existe una relación directa entre pensamiento y emociones, que las emociones influyen en la conducta y pueden afectar todas las áreas de nuestra vida, y que cierto tipo de cogniciones generan y sostienen estados emocionales limitadores, lo próximo, lo razonable, lo sensato, es hacer algo al respecto.
Entre el abanico de soluciones posibles para evitar o superar reacciones emocionales dañinas para el organismo y el funcionamiento cotidiano social, recomiendo:
1- Observarse: Consiste en poner atención a los pensamientos negativos sobre uno mismo, su situación de vida, sus relaciones y su futuro.
2- Aceptar: Las exigencias de cambio que damos al ambiente, casi siempre ilusas y estériles, pensando que las cosas deberían ser diferentes a como realmente son, generan ansiedad y cierto grado de tensión corporal frecuente.
3- Centrarse en el presente: Es común que nuestros pensamientos se desplacen hacia el pasado y hacia el futuro. Sin embargo, salvo que sea para recordar algo positivo (pasado) o para planificar algo positivo (futuro) estos viajes mentales nos sacan del único momento de vida y de posibilidad de cambio y crecimiento que existe: el presente. Esto equivale a dejar de vivir. Quédese aquí, actúe aquí y vivirá mejor.
4- Responsabilizarse: Es común colocar sobre otros la responsabilidad de lo que pensamos, sentimos y hacemos. Esto es inadecuado y disfuncional pues elegimos que hacer, y aceptamos lo que queremos aceptar. Si asume que es usted el que dirige el barco, tendrá sensación de control y capacidad de cambio.
5- Relajarse: La respuesta emocional se deriva del pensamiento pero tiene estrecho vínculo con la corporalidad, por lo que si produce cambios en la postura corporal o el nivel de tensión muscular, influirá en su  estado interno.
6- Desidentifìcarse: Si desea entrar en control (no represión) de sus respuesta emocionales, es necesario que revisa la forma con se identifica con sus roles y con ciertos imperativos culturales que “le obligan” a responder de manera estandarizada.
Renny Yagosesky
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